Thursday, May 10

¿Me iría demasiado o todo es relativo?


Luego de leer y escuchar varias críticas y opiniones constructivas y destructivas sobre el famoso video  “Caracas, Ciudad de Despedidas”,  y ya con los ánimos un poco más calmados en las redes sociales, decidí escribir una porción de mi perspectiva.

Ya he dicho en este blog que soy del interior. Nací en Valencia, mi familia materna es de Puerto Ordaz y viví 13 años en Valle de La Pascua hasta que a los 17 años cumplí una de mis metas: Mudarme a Caracas. Allí estudié y trabajé hasta que luego de 10 años más, como muchos de mis compañeros de la Universidad, me fui del país y ya tengo 2 años viviendo en Panamá.

No pretendo considerarme acreedora de todas las visiones, pero creo que tengo una perspectiva relativamente amplia de distintos tipos de venezolanos y venezolanismos, incluyendo la de los compatriotas en el exterior, como yo.  

Por años me he enfrentado a distintas opiniones sobre los acontecimientos y condiciones del país. Voy a generalizas aquí, la opinión de los caraqueños y la de los del interior. Voy a excluir por ahora la de los expatriados. Por ejemplo, recuerdo la época del paro y como mis amigos en Caracas vivían una realidad muy diferente a la que vivían mis amigos en el interior. Mientras en Caracas la gente no podía salir de su casa porque las calles estaban siempre cerradas por guarimbas y marchas, en el interior la gente iba a donde le daba la gana sin mayor planificación o preocupación, que la de conseguir gasolina, la cual valga decir, se conseguía por lo general más fácilmente que en la capital. Mientras en Caracas la gente observaba un país en su mayoría unido al paro, en el interior me atrevo a decir que la visión del “paro nacional” se notaba con mucha menos fuerza, ya que muchas personas aún seguían yendo al trabajo. Mientras en Caracas la gente hacía milagros para conseguir algunos productos, en el interior la gente lograba conseguir cerveza y se emborrachaba. Recuerdo haber pasado unos días durante el paro con mi familia en Puerto Ordaz tomando Coca Cola, sí, Coca Cola, no Big Cola ni Karlos Ramón. También recuerdo haber viajado y disfrutado esos meses como nunca, una vez que logré salir del pesado ambiente caraqueño y me instalé en casa de mi mamá en San Juan de los Morros. En fin, me tocó vivir las dos realidades durante esa época y era increíble notar la gran diferencia entre ambas: lo amarga y tensa de la situación capitalina versus lo relativamente relajado que la gente en el pueblo se tomaba el asunto.

 Es obvio que los acontecimientos más importantes recaigan con mayor intensidad en la metrópolis, no en vano es ahí donde nacen la mayoría de las noticias trágicas del país. Por eso no culpo a algunos caraqueños de la amargura que le puedan producir las disfuncionalidades de la ciudad, pero tampoco culpo a otros venezolanos por sentirse menos identificados con ese sentimiento negativo o encontrado hacia Caracas.
El punto es aceptar con tolerancia todas las opiniones y todas las visiones como válidas, porque cada quien vive una realidad diferente a la tuya y tiene sus razones para pensar diferente. Y es que es bien cierto, que no necesitamos aquello que no conocemos o no hemos tenido. Por eso la transculturización y los eventos impactantes (Secuestros, robos, expropiaciones de empresas y propiedades familiares, despidos políticos, etc) afectan de una manera u otra a las personas.

Debatiendo con mis amigos Vallepascuenses (Quienes actualmente viven en distintos lugares: Valle de la Pascua, Puerto La Cruz y Caracas) escuché toda clase de opiniones sobre el famoso video, hasta que de manera humorística concluimos que algunos de ellos “se irían demasiado a Caracas”. Dieron las razones más profundas y banales para llegar a esta conclusión, desde que debería haber más descentralización de los poderes y servicios para que sientan que tienen mayor calidad de vida en el interior, hasta que en Caracas la gente tiene caché y cultura, mientras que en Puerto La Cruz ellos consideran que no. Y es que dependiendo del problema que queramos analizar, en el interior las cosas son mejores o peores. Por ejemplo, cuando se trata de servicios, la luz y el agua escasean con mayor frecuencia en el interior del país, ya que de esa manera la noticia puede ser maquillada más fácilmente allá en el centro de mando (Caracas).

Por otro lado, ni siquiera necesito debatir este tema con mis amigos de la Universidad, porque lo hemos debatido por años. Yo misma me cansé de ir a despedidas, hasta que un día sin darme cuenta llegó la mía. Es la realidad de una gran parte de jóvenes caraqueños, que se hayan al menos planteado la idea de irse del país. Así como también es la realidad de otro grupo de jóvenes en el interior, que no han conseguido en el país o en su ciudad, la prosperidad y el progreso que desean. Y es que como dice el PANFLETONEGRO, distintos acontecimientos han tocado nuestra fibra y en algún punto entre que se “eligió” la reelección indefinida después de haber sido rechazada por el pueblo, disminuyeron hasta prácticamente nada el acceso a divisas personales, expropiaron 300 empresas o mataron o secuestraron a un familiar o amigo, algunos fuimos tomando la decisión de irnos del país.

Hablando con los pocos amigos de la Universidad que quedan en el país, me comentan sus frustraciones por la realidad que están viviendo y como se debaten día a día entre la perspectiva de irse o quedarse. Los que decidieron quedarse se las arreglan para sobrevivir la inflación  y la inseguridad para aún así seguir teniendo “calidad de vida”.

En el éxodo también hay de todo tipo de venezolanos y experiencias. Hay venezolanos que desde su perspectiva y experiencia, sobre todo porque muchos vivieron casos extremos y cercanos de inseguridad, denigran de su país y hacen una terrible propaganda al turismo nacional; lo cual me parece lamentable, porque sólo hablan por su propia realidad y generan una aún peor matriz de opinión afuera. Más lamentable aún, es ver venezolanos que no hacen más que quejarse del país que a muchos ha recibido con los brazos abiertos, como lo es Panamá. Todos debemos aceptar con humildad, que hay todo tipo de realidades y que lo importante es tomar una decisión personal, que te haga feliz. Emigrar puede ser más o menos fácil que quedarte, todo depende de tí.

Ya para concluir, debo confesar que yo extraño demasiado Caracas, el clima, el Ávila, la gente, la cultura, la arquitectura, la comida, la rumba, la Universidad, etc. Siempre recuerdo y hablo de esa ciudad a la que deseo volver y disfrutar al máximo. Como puedo y dentro de mi alcance trato de ser una embajadora de mi país al venderle a todo el que conozco las riquezas naturales que sólo podrán encontrar allá, entre otras cosas. Explicar las razones por las que me fui requeriría otro post igual de largo que este y mis amigos que siguen allá felices aún no lo entenderían.  

Estoy segura que muchos como yo, desearían regresar eventualmente a Caracas. Seguramente se debaten entre cuándo sería un buen momento y si realmente ese momento va a llegar. Algunos sentimos que estamos mejor afuera o que al menos el balence es positivo, otros aún no consiguen adaptarse o simplemente los planes no salieron como esperaban. 


El punto es que TODOS nos iríamos demasiado a Caracas. Sí, nos iríamos demasiado cuando explotemos el verdadero potencial turístico de la ciudad y del país, cuando aumente la confianza en la inversión y la propiedad privada, cuando se reactive la industria y se acabe el monopolio de las pocas empresas que han sobrevivido al régimen o de las que expropió, cuando exportemos más de lo que importamos y así podamos salir del control de cambio que sólo ha traído inseguridad, desbalance, injusticias y oportunidad para una minoría, cuando haya una mayoría de empleos dignos, cuando la educación sea imparcial y académica, cuando haya seguridad social y salud digna para todos por igual, cuando el índice de violencia y narcotráfico no sea de los más altos de América Latina, cuando el sueldo mínimo sea realmente competitivo a cualquier tasa de cambio, cuando sienta seguridad y confianza de ahorrar en mi país, cuando lo servicio básicos funcionen decentemente, cuando dejemos de juzgar al otro por corrupto pero igual nos coleamos y usamos el hombrillo, cuando aceptemos todo tipo de opiniones aunque no estemos de acuerdo…

Ya basta de compararnos con Europa y Estados Unidos, para bien o para mal. Empecemos a reconocer que tenemos recursos y condiciones únicas que no estamos aprovechando, que podemos salir adelante por nosotros mismos, que tenemos un potencial increíble que estamos dejando de ver, bien sea por endiosar o por criticar a las grandes potencias. Recientemente debatí con un “socialista” sobre la economía de Venezuela y su argumento fue decirme que en España la gente no tiene empleo y que en Estados Unidos han quebrado bancos y empresas luego de la crisis. ¿Por qué? ¿Por qué tenemos que llenarnos de las cosas malas que suceden en otras partes para decir que nosotros estamos bien. NO, no estamos bien, algo estamos haciendo mal. Parte del talento se está yendo porque no hay progreso y lo tenemos todo para progresar, pero le vimos el facilismo a importar hasta lo que hacemos nosotros mismos. Vivimos comparándonos con potencias que viven una realidad muy distinta a la nuestra. Hay países en Latinoamérica que en medio de la crisis encontraron su balance positivo, usando sus propios recursos y fortalezas, no salieron a buscarlo afuera. Debemos encontrar nuestro balance positivo, nuestro propio potencial, sin mirar las desgracias del vecino para decir que estamos mejor, sino apalancándonos en lo que tenemos para dar, que es mucho y lo estamos perdiendo de vista.

Todos somos venezolanos, con realidades y nacionalismos distintos, pero compartimos un país, un recuerdo y un deseo de progresar. ¡Tomemos conciencia!. 

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