Tuesday, June 11

Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde

Todas tenemos esa amiga que tuvo la boda de sus sueños a los 23 años, se divorció a los 28. Ahora tiene 30 y lo último en que piensa es en hacer de nuevo la boda de sus sueños.

Friday, March 1

Not so Fooled By Randomness & Green Pink Caviar

¿Les ha pasado alguna vez que nunca habían escuchado sobre algo y una vez que lo escuchan la primera vez, empiezan a toparse con eso por todas partes?



Este video me lo recomendó un amigo, cuando un día desde NYC me envía una foto de un cuadro gigante que mostraba la imagen de la boca de una mujer semiabierta con una especie de pink caviar saliendo de ella. Me escribió: Mira que cool esta foto, te la envío desde la casa de la artista en NYC, se llama Marilyn Minter, busca en you tube su video: Green Pink Caviar.

Al instante que lo ví recuerdo que me quedé paralizada o más bien poseída observándololo. Me parece muy excitante, seductor y original. Sólo un par de semanas después, viajé a NYC y ahí en el lobby del MoMA, en pequeñas pantallas estaba proyectado el video.

Pocos días después pensando en ideas para amenizar fiestas en casa, se me ocurrió colocar en el TV el video que usó Madonna en sus pantallas durante su Sticky & Sweet Tour, mientras uno conversa y se toma un buen vino. ¿Qué creen? Apareció el video de Green Pink Caviar, que Madonna utilizó en esa gira.

Y así, podría dar muchos ejemplos de estas situaciones en las que nunca había escuchado sobre algo y de repente, empieza a aparecerse por todos lados.

Y me pregunto, ¿Am I being fooled by randomness? O ¿Es que sólo percibimos lo que conocemos o estamos de alguna manera "buscando", mientras que lo que no conocemos o no estamos buscando no podemos verlo? Quizás me había tropezado con Marilyn Minter antes, pero no la veía porque no la conocía. De hecho, yo había estado en ese concierto de Madonna y no me percaté del video que se mostraba en la pantalla mientras ella cantaba.

Estamos acostumbrados a ver el mundo según nuestro propio cristal, según lo que hemos vivido. Empecemos a aceptar que otras personas han vivido experiencias diferentes y por lo tanto ven el mundo diferente.

La verdad nunca es absoluta.

Con el tiempo

Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano
y encadenar un alma.

Y uno aprende que el AMOR no significa acostarse.

Y que una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender ....

Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas,
y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta
y los ojos abiertos,
y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno del mañana es demasiado inseguro para planes ...
y los futuros tienen su forma de caerse
por la mitad.

Y después de un tiempo uno aprende que, si es demasiado,
hasta el calor del Sol puede quemar.

Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma,
en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.

Y uno aprende que realmente puede aguantar,
que uno es realmente fuerte,
que uno realmente vale,
y uno aprende y aprende ... y así cada día.

Con el tiempo aprendes que estar con alguien,
porque te ofrece un buen futuro,
significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.

Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz
de amarte con tus defectos sin pretender cambiarte,
puede brindarte toda la felicidad.

Con el tiempo te das cuenta de que si estás con una persona
sólo por acompañar tu soledad,
irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.

Con el tiempo aprendes que los verdaderos amigos son contados
y que quien no lucha por ellos, tarde o temprano,
se verá rodeado sólo de falsas amistades.

Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en momentos de ira siguen
hiriendo durante toda la vida.

Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace,
pero perdonar es atributo sólo de almas grandes.

Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente,
es muy probable que la amistad jamás sea igual.

Con el tiempo te das cuenta que aun siendo feliz con tus amigos,
lloras por aquellos que dejaste ir.

Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida
con cada persona es irrepetible.

Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla
o desprecia a un ser humano, tarde o temprano
sufrirá multiplicadas las mismas humillaciones o desprecios.

Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy,
porque el sendero del mañana no existe.

Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas y forzarlas a que pasen,
ocasiona que al final no sean como esperabas.

Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro,
sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.

Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado,
añorarás a los que se marcharon.

Con el tiempo aprenderás a perdonar o pedir perdón,
decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas,
decir que quieres ser amigo, pues ante
una tumba ya no tiene sentido.

Pero desafortunadamente, sólo con el tiempo..."


Jorge Luis Borges 

Tuesday, January 8

¡La Felicidad empieza en Canaima!




Escribo desde el vuelo 830 de Copa Airlines. Es 31 de Diciembre de 2012 y voy en camino a New York a recibir el 2013 con algunos de mis mejores amigos, tras una semana de vacaciones con mi familia en Venezuela, pasando por Canaima, Puerto Ordaz, Valle de la Pascua y Valencia. No puedo más que relatar lo contrastante que serán estas 2 semanas de vacaciones, sobre todo porque siento que pasar de la meca de la naturaleza a la meca del concreto en un día, es quizás una de las experiencias que mejor describen como soy.

Relato mis vacaciones en La Gran Sabana (Parte del Parque Nacional Canaima, ubicado en el Edo. Bolívar, Venezuela, que puedes atravesar en auto y que es al mismo tiempo la vía hacia la frontera entre Venezuela y Brasil), montada en este avión, antes de que la energía neoyorquina nuble el fresco recuerdo de mi última semana. No hay mucho que contar de este mágico lugar, que la gente no haya escuchado. Más para mí, estar en La Gran Sabana  significa renovación. Y es que quien podría evitar conciliar su vida respirando aire frío bajo el sol radiante, a 1440 metros de altura sobre el nivel del mar, escuchando las cascadas de agua helada que fluyen a través de la sabana y entre las piedras; rodeada de un horizonte verde, sinuoso y casi  infinito, enmarcado por la sombra de majestuosos Tepuyes.




La promotora de estos viajes en mi familia, es mi Tía Lupe, quien va casi todos los Diciembre desde hace como unos 20 años. Es un trayecto de aproxidamente 15 horas desde Valencia, que la gente suele hacer en 2 días. Hace unos años mi tía hacía la experiencia aún más extrema porque cada noche armaban el campamento en algún lugar distinto en medio de la naturaleza, hasta que últimamente descubrieron lugares custodiados por los indígenas de la zona, en donde puedes dejar tus cosas y ellos se encargan de cuidarlas mientras sales a pasear durante el día. Por lo general estos sitios están al lado de alguna cascada, para garantizar que los temporaditas tengamos disponibilidad de agua y cuentan con algunos servicios básicos pero que se aprecian, como chozas para alquilar y baños.

Cuando era niña y vivíamos en Valle de La Pascua recuerdo que mis tíos pasaban visitando todos los Diciembres de ida y vuelta de La Gran Sabana y por razones que la verdad desconozco o no recuerdo, nunca pudimos acompañarlos, a pesar de que a todos en la casa nos encantaba la historia del viaje. Hace dos años mi mamá se animó a ir con mi tía y desde allí, somos otros enamorados de La Gran Sabana. Mi mamá es ahora también la promotora de estos viajes en mi familia, la que decide que es allí a donde vamos los 4 y punto y la que trata de convencer a todo el mundo del tesoro que están dejando de apreciar en este convivir con la naturaleza.

Este Diciembre nos quedamos de nuevo en el Campamento de Manakachí. Un lugar que nos gusta mucho porque está muy bien cuidado, es cómodo, de fácil acceso, con una hermosa cascada y justo en frente de la única estación de gasolina que hay en la vía antes de llegar a Santa Elena de Uairén, que es el pueblo ubicado justo antes de la frontera con Brasil. El clima estuvo lluvioso por las noches y con bastante frío, lo cual es en sí sólo parte de la experiencia.


No quiero extenderme a contar detalles sobre el viaje y sólo hablaré sobre los instantes que más amo de la experiencia de viajar a La Sabana.



En primer lugar, ese momento cuando vas rodando por La Sierra de Lema (Luego de ya 14 horas de viaje aproximadamente). Es una sierra frondosa y húmeda, con una carretera de curvas sinuosas. Es en esta parte del viaje cuando siempre me aseguro de ir escuchando la música apropiada a la ocasión. En este caso para el momento cumbre, elegí la canción: Sweet Disposition, The Temper Trap; Enia es también una elección inspiradora. Ahí en la sierra empiezas a sentir el frío y el cambio de altura. Lo maravilloso, es que en este punto vienes cansado, con ganas de llegar, después de 2 días rodando que parecen interminables y de repente es como si te inyectaran Red Bull intravenoso y sientes que la travesía acaba de comenzar. La adrenalina mezclada con paz empieza a elevarse, la señal de teléfono la perdiste hace 1 hora y por los próximos 5 días. De repente llega esa última curva, esa última cascada, ese último árbol de la selva frondosa y se abre en el horizonte, majestuosa: ¡La Gran Sabana!.



El siguiente momento especial es armar el campamento. A mí me encanta porque es cuando visualizas y en cierta forma decides como serán los siguientes días, que vista quieres tener en la mañana cuando abras los ojos, como quieres que circule el viento en la carpa, como te abrigarás del frío en la noche, donde va a estar la cocina y cuál será el área designada para hacer los quehaceres del día. También me encanta sacar y ordenar toda la comida que llevamos, porque si hay algo que mi familia sabe hacer, es el menú del viaje. Así que me mientras armo el campamento sueño con el café con leche de mi tío a primera hora de la mañana, seguido de las arepas a la brasa con perico, carne, suero y queso llanero; el asopado y la parrilla en la tarde, las chucherías venezolanas que aprecio no comerlas en todo el año para devorarlas todas en Diciembre ¡Con gusto y sin remordimiento!.





Mágico es también cada baño. El agua de los ríos es helada y aunque es muy pura, es de un tono rojizo, producto de la gran cantidad de minerales que arrastra de las piedras. Antes de meterse en el agua se requiere preparación psicológica y valor, pero una vez adentro y sobretodo si está pegando fuerte el sol, es lo más sabroso que hay. Si puedes escoger un lugar con una fuerte corriente de agua en la espalda, es como un jacuzzi y se siente menos el frío. Lo mejor es que al salir, estás rejuvenecido y como nuevo.
Las mañanas son heladas y uno viene a quitarse el pijama después que sale el primer rayo de sol que lo caliente a uno un poco. Una mañana de esas friolentas me fui con mi hermano por un camino al lado del campamento a recorrer Manakachí, río abajo. Esto fue lo que encontramos, eran como las 6:30 am, así que me disculpan la cara de recién levantada.


El resto de los días es rodar de un lado a otro, conocer cascadas, ríos, comunidades indígenas, cocinar, leer, hablar, comer, meditar y siempre rodeado de este paisaje. 














En este viaje además de ir a los ríos típicos y a la Línea, que es el pueblo fronterizo, fuimos a cazar Tepuyes ¡Así mismo!. En la carretera principal nos percatamos de un letrero que dice Roraima y por curiosidad decidimos tomar ese camino para ver hasta dónde nos llevaba. Para que tengan una idea, el Roraima es 1 de 300 tepuyes que hay en Venezuela y de otros 60 que se hallan en el resto del mundo. Los Tepuy son montañas compuestas de piedra, paderes verticales y de tope planos. El Roraima es uno de los más grandes y está ubicado entre la frontera de tres países: Venezuela, Brasil y Guyana. Es bien sabido que sólo se puede llegar a pie a la base del Tepuy y es un recorrido de 3 días caminando, sólo para subir, pero queríamos ver hasta dónde nos llevaba ese camino de tierra. Al lado del Roraima está el Kukenan, que es otro Tepuy importante de la zona y siempre se les ve desde el horizonte, aunque es difícil verles despejados porque hasta en días soleados las nubes van todas a posarse encima de ellos. Así que en un recorrido de 25 kms de tierra y aproximadamente 1 hora, fuimos viajando a través de un hermoso paisaje en el que la adrenalina de ir divisando cada vez más de cerca estas montañas y ver como las nubes iban haciendo espacio para mostrarlas en todo su esplendor, nos llenaba de energía (Otro momento para colocar buena música, ¡Oh Si!). Mi mamá fue la que más insistió en hacer este recorrido, sólo para complacerme, porque sabe que uno de mis sueños es subir el Roraima. Por eso cuando llegamos al pueblo Paray Tepuy (Nombre indígena de la montaña) y última parada del recorrido en carro, ella empezó a preguntarle a cuanto indio y mochilero iba caminando por ahí, respecto a los tours para subir.  Así consiguió toda la información necesaria, en qué época es mejor subir, el teléfono de algunos guías, que hay que llevar y la condición física que se debe tener. Si pudiera, me encantaría hacer esa travesía con mi madre, porque es una de las que me ha inculcado la aventura y perseverancia que se necesita para lograr las cosas. Como regalo del viaje, también me compró un mapa con la ruta, fotos y explicación del itinerario para que no deje de cumplir mi sueño. Una vez llegamos al final de la carretera y el pueblo, nos quedamos un buen rato admirando y fotografiando el paisaje. Ahí estaban los dos Tepuy, regios, imponentes y sorprendentemente despejados.








Después de todo, Canaima se lleva en la memoria como un regalo que no todos tienen oportunidad de recibir y que debería ser más conocido y apreciado nacional e internacionalmente. Espero que mi madre me siga llevando a la Gran Sabana y espero también llevar a mi descendencia algún día, para que ame tanto como yo, este pedazo de tierra bendita.