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Friday, March 1

Not so Fooled By Randomness & Green Pink Caviar

¿Les ha pasado alguna vez que nunca habían escuchado sobre algo y una vez que lo escuchan la primera vez, empiezan a toparse con eso por todas partes?



Este video me lo recomendó un amigo, cuando un día desde NYC me envía una foto de un cuadro gigante que mostraba la imagen de la boca de una mujer semiabierta con una especie de pink caviar saliendo de ella. Me escribió: Mira que cool esta foto, te la envío desde la casa de la artista en NYC, se llama Marilyn Minter, busca en you tube su video: Green Pink Caviar.

Al instante que lo ví recuerdo que me quedé paralizada o más bien poseída observándololo. Me parece muy excitante, seductor y original. Sólo un par de semanas después, viajé a NYC y ahí en el lobby del MoMA, en pequeñas pantallas estaba proyectado el video.

Pocos días después pensando en ideas para amenizar fiestas en casa, se me ocurrió colocar en el TV el video que usó Madonna en sus pantallas durante su Sticky & Sweet Tour, mientras uno conversa y se toma un buen vino. ¿Qué creen? Apareció el video de Green Pink Caviar, que Madonna utilizó en esa gira.

Y así, podría dar muchos ejemplos de estas situaciones en las que nunca había escuchado sobre algo y de repente, empieza a aparecerse por todos lados.

Y me pregunto, ¿Am I being fooled by randomness? O ¿Es que sólo percibimos lo que conocemos o estamos de alguna manera "buscando", mientras que lo que no conocemos o no estamos buscando no podemos verlo? Quizás me había tropezado con Marilyn Minter antes, pero no la veía porque no la conocía. De hecho, yo había estado en ese concierto de Madonna y no me percaté del video que se mostraba en la pantalla mientras ella cantaba.

Estamos acostumbrados a ver el mundo según nuestro propio cristal, según lo que hemos vivido. Empecemos a aceptar que otras personas han vivido experiencias diferentes y por lo tanto ven el mundo diferente.

La verdad nunca es absoluta.

Tuesday, January 8

¡La Felicidad empieza en Canaima!




Escribo desde el vuelo 830 de Copa Airlines. Es 31 de Diciembre de 2012 y voy en camino a New York a recibir el 2013 con algunos de mis mejores amigos, tras una semana de vacaciones con mi familia en Venezuela, pasando por Canaima, Puerto Ordaz, Valle de la Pascua y Valencia. No puedo más que relatar lo contrastante que serán estas 2 semanas de vacaciones, sobre todo porque siento que pasar de la meca de la naturaleza a la meca del concreto en un día, es quizás una de las experiencias que mejor describen como soy.

Relato mis vacaciones en La Gran Sabana (Parte del Parque Nacional Canaima, ubicado en el Edo. Bolívar, Venezuela, que puedes atravesar en auto y que es al mismo tiempo la vía hacia la frontera entre Venezuela y Brasil), montada en este avión, antes de que la energía neoyorquina nuble el fresco recuerdo de mi última semana. No hay mucho que contar de este mágico lugar, que la gente no haya escuchado. Más para mí, estar en La Gran Sabana  significa renovación. Y es que quien podría evitar conciliar su vida respirando aire frío bajo el sol radiante, a 1440 metros de altura sobre el nivel del mar, escuchando las cascadas de agua helada que fluyen a través de la sabana y entre las piedras; rodeada de un horizonte verde, sinuoso y casi  infinito, enmarcado por la sombra de majestuosos Tepuyes.




La promotora de estos viajes en mi familia, es mi Tía Lupe, quien va casi todos los Diciembre desde hace como unos 20 años. Es un trayecto de aproxidamente 15 horas desde Valencia, que la gente suele hacer en 2 días. Hace unos años mi tía hacía la experiencia aún más extrema porque cada noche armaban el campamento en algún lugar distinto en medio de la naturaleza, hasta que últimamente descubrieron lugares custodiados por los indígenas de la zona, en donde puedes dejar tus cosas y ellos se encargan de cuidarlas mientras sales a pasear durante el día. Por lo general estos sitios están al lado de alguna cascada, para garantizar que los temporaditas tengamos disponibilidad de agua y cuentan con algunos servicios básicos pero que se aprecian, como chozas para alquilar y baños.

Cuando era niña y vivíamos en Valle de La Pascua recuerdo que mis tíos pasaban visitando todos los Diciembres de ida y vuelta de La Gran Sabana y por razones que la verdad desconozco o no recuerdo, nunca pudimos acompañarlos, a pesar de que a todos en la casa nos encantaba la historia del viaje. Hace dos años mi mamá se animó a ir con mi tía y desde allí, somos otros enamorados de La Gran Sabana. Mi mamá es ahora también la promotora de estos viajes en mi familia, la que decide que es allí a donde vamos los 4 y punto y la que trata de convencer a todo el mundo del tesoro que están dejando de apreciar en este convivir con la naturaleza.

Este Diciembre nos quedamos de nuevo en el Campamento de Manakachí. Un lugar que nos gusta mucho porque está muy bien cuidado, es cómodo, de fácil acceso, con una hermosa cascada y justo en frente de la única estación de gasolina que hay en la vía antes de llegar a Santa Elena de Uairén, que es el pueblo ubicado justo antes de la frontera con Brasil. El clima estuvo lluvioso por las noches y con bastante frío, lo cual es en sí sólo parte de la experiencia.


No quiero extenderme a contar detalles sobre el viaje y sólo hablaré sobre los instantes que más amo de la experiencia de viajar a La Sabana.



En primer lugar, ese momento cuando vas rodando por La Sierra de Lema (Luego de ya 14 horas de viaje aproximadamente). Es una sierra frondosa y húmeda, con una carretera de curvas sinuosas. Es en esta parte del viaje cuando siempre me aseguro de ir escuchando la música apropiada a la ocasión. En este caso para el momento cumbre, elegí la canción: Sweet Disposition, The Temper Trap; Enia es también una elección inspiradora. Ahí en la sierra empiezas a sentir el frío y el cambio de altura. Lo maravilloso, es que en este punto vienes cansado, con ganas de llegar, después de 2 días rodando que parecen interminables y de repente es como si te inyectaran Red Bull intravenoso y sientes que la travesía acaba de comenzar. La adrenalina mezclada con paz empieza a elevarse, la señal de teléfono la perdiste hace 1 hora y por los próximos 5 días. De repente llega esa última curva, esa última cascada, ese último árbol de la selva frondosa y se abre en el horizonte, majestuosa: ¡La Gran Sabana!.



El siguiente momento especial es armar el campamento. A mí me encanta porque es cuando visualizas y en cierta forma decides como serán los siguientes días, que vista quieres tener en la mañana cuando abras los ojos, como quieres que circule el viento en la carpa, como te abrigarás del frío en la noche, donde va a estar la cocina y cuál será el área designada para hacer los quehaceres del día. También me encanta sacar y ordenar toda la comida que llevamos, porque si hay algo que mi familia sabe hacer, es el menú del viaje. Así que me mientras armo el campamento sueño con el café con leche de mi tío a primera hora de la mañana, seguido de las arepas a la brasa con perico, carne, suero y queso llanero; el asopado y la parrilla en la tarde, las chucherías venezolanas que aprecio no comerlas en todo el año para devorarlas todas en Diciembre ¡Con gusto y sin remordimiento!.





Mágico es también cada baño. El agua de los ríos es helada y aunque es muy pura, es de un tono rojizo, producto de la gran cantidad de minerales que arrastra de las piedras. Antes de meterse en el agua se requiere preparación psicológica y valor, pero una vez adentro y sobretodo si está pegando fuerte el sol, es lo más sabroso que hay. Si puedes escoger un lugar con una fuerte corriente de agua en la espalda, es como un jacuzzi y se siente menos el frío. Lo mejor es que al salir, estás rejuvenecido y como nuevo.
Las mañanas son heladas y uno viene a quitarse el pijama después que sale el primer rayo de sol que lo caliente a uno un poco. Una mañana de esas friolentas me fui con mi hermano por un camino al lado del campamento a recorrer Manakachí, río abajo. Esto fue lo que encontramos, eran como las 6:30 am, así que me disculpan la cara de recién levantada.


El resto de los días es rodar de un lado a otro, conocer cascadas, ríos, comunidades indígenas, cocinar, leer, hablar, comer, meditar y siempre rodeado de este paisaje. 














En este viaje además de ir a los ríos típicos y a la Línea, que es el pueblo fronterizo, fuimos a cazar Tepuyes ¡Así mismo!. En la carretera principal nos percatamos de un letrero que dice Roraima y por curiosidad decidimos tomar ese camino para ver hasta dónde nos llevaba. Para que tengan una idea, el Roraima es 1 de 300 tepuyes que hay en Venezuela y de otros 60 que se hallan en el resto del mundo. Los Tepuy son montañas compuestas de piedra, paderes verticales y de tope planos. El Roraima es uno de los más grandes y está ubicado entre la frontera de tres países: Venezuela, Brasil y Guyana. Es bien sabido que sólo se puede llegar a pie a la base del Tepuy y es un recorrido de 3 días caminando, sólo para subir, pero queríamos ver hasta dónde nos llevaba ese camino de tierra. Al lado del Roraima está el Kukenan, que es otro Tepuy importante de la zona y siempre se les ve desde el horizonte, aunque es difícil verles despejados porque hasta en días soleados las nubes van todas a posarse encima de ellos. Así que en un recorrido de 25 kms de tierra y aproximadamente 1 hora, fuimos viajando a través de un hermoso paisaje en el que la adrenalina de ir divisando cada vez más de cerca estas montañas y ver como las nubes iban haciendo espacio para mostrarlas en todo su esplendor, nos llenaba de energía (Otro momento para colocar buena música, ¡Oh Si!). Mi mamá fue la que más insistió en hacer este recorrido, sólo para complacerme, porque sabe que uno de mis sueños es subir el Roraima. Por eso cuando llegamos al pueblo Paray Tepuy (Nombre indígena de la montaña) y última parada del recorrido en carro, ella empezó a preguntarle a cuanto indio y mochilero iba caminando por ahí, respecto a los tours para subir.  Así consiguió toda la información necesaria, en qué época es mejor subir, el teléfono de algunos guías, que hay que llevar y la condición física que se debe tener. Si pudiera, me encantaría hacer esa travesía con mi madre, porque es una de las que me ha inculcado la aventura y perseverancia que se necesita para lograr las cosas. Como regalo del viaje, también me compró un mapa con la ruta, fotos y explicación del itinerario para que no deje de cumplir mi sueño. Una vez llegamos al final de la carretera y el pueblo, nos quedamos un buen rato admirando y fotografiando el paisaje. Ahí estaban los dos Tepuy, regios, imponentes y sorprendentemente despejados.








Después de todo, Canaima se lleva en la memoria como un regalo que no todos tienen oportunidad de recibir y que debería ser más conocido y apreciado nacional e internacionalmente. Espero que mi madre me siga llevando a la Gran Sabana y espero también llevar a mi descendencia algún día, para que ame tanto como yo, este pedazo de tierra bendita.

Wednesday, December 19

¡En el 2013 elijo ser feliz!


2012,

En lo personal me trajiste varios desafíos, disyuntivas y desbalance. Para rematar un corazón roto, que parece haber sido remendado en el CIMEQ de La Habana. Cuando creíamos que estaba curado, era que le habían dado sobredosis de esteroides para maquillar la enfermedad. A diferencia de otros pacientes, me cambié de quirófano y ahí me sacaron la enfermedad de raíz. Podría decir que ya pasé de terapia intensiva a sala de recuperación, con algunos leves espasmos esporádicos. El 1ero de enero me dan de alta en Manhattan y lo celebraré con champagne, amigos y un corazón como nuevo.

Por el lado bueno, me trajiste nuevos amigos, nuevas caras frescas y alegres. Me trajiste una buena razón para salir de la terapia intensiva, nuevos sueños y un horizonte por alcanzar, una nueva filosofía de vida, la motivación para convertirme en una persona más sana y deportista, la voluntad de compatir y hacer voluntariado, la alegría de nuevos bebés cercanos a mi familia, el compromiso de dos de mis mejores amigas, ver a mis hermanos felices y a mi mamá alcanzando sus metas. 

Pero sobretodo me trajiste certeza, de que el 2013 solo puede ser maravilloso.

Thursday, August 25

Ó do Borogodó

Por la naturaleza de mi trabajo, me ha tocado negociar con personas de varias nacionalidades, principalmente de Latinoamérica. Aunque desde un punto de vista de negocio, este contacto me ha dado una idea bastante general sobre los principales factores idiosincráticos de cada país que he visitado.

De ahí llegué a la conclusión, nada sorpresiva, de que los Brasileros son personas ante todo alegres, con todo lo que esa frase implica. Para mí, negociar con un brasilero es sinónimo de “Parcería”, Samba, Caipirinha y contentura perpetúa.

Mi innata curiosidad me llevó a querer aprender más de esta cultura, por lo que aproveché la coyuntura de mi reciente viaje laboral Brasil y que mi amigo Luis Miguel se encontraba por aquellos lares (Haciendo precisamente lo que yo quería: aprendiendo de la cultura y el idioma del país… Ah! Y de la samba, es que el te es músico), para escaparnos en una noche de Rodinho y Rumba Brasilera.

Desde mi punto de vista laboral, Sao Paolo es una ciudad que de solo verla estresa, helicópteros llenos de personas adineradas, ocupadas y apuradas (Supongo) sobrevuelan la ciudad a toda hora. El smog te hace dudar si es que todos los edificios están pintados de gris o es simple suciedad. La ciudad, indescriptiblemente grande, en la cual habitan 11 millones de personas sólo en el área metropolitana, te hace sentir interminable hasta el trayecto más corto. El crecimiento económico del país se siente desde que llegas al aeropuerto de Guarulhos y hasta que te encaramas en el ascensor para ir a tu habitación y a cualquier hora del día hay 10 personas al lado tuyo en trajes negros, hablando en cualquier idioma y únicamente temas de negocios.

Por lo que el plan era claro, yo llevaría a Luis Miguel a comer como los grandes y él debía encargarse de mostrarme el lado cultural, histórico y callejero de Sao Paolo. La churrasquería estuvo indescriptible, el cordero, las costillas y la jugosa picanha literalmente desaparecían del plato tan pronto como llegaban. En el ínterin Luis Miguel empezaba a sentirse “abrumado” con tanta carne. Nada que unas caipirinhas y unos breves segundos del semáforo en rojo para tragar los 5 últimos trozos de carne que habían lanzado en el plato mientras con la boca llena no alcanzabas a decir que no, no pudieran solucionar. Entre ponernos al día con nuestras vidas y que yo simulara hablar portuñol, se hizo la hora de la rumba.

Una hora más en taxi y llegamos a Vila Madalena, una zona bohemia en Sao Paolo de calles angostas y con pequeñas edificaciones que lucen al perfecto y sutil descuido. Allí se encuentran establecimientos de varios tipos. Supongo que a la luz del día debe ser una zona bastante transitada y repleta de artistas, músicos y vendedores informales. No dudo que haya cerca alguna plaza en la que se reúna la gente a apreciar distintas manifestaciones de arte callejero. Pero todo esto son suposiciones mías basadas en lo que me transmitió el lugar, ya que de noche casi todo está cerrado y se ve principalmente obscuro, peligroso y lleno de gente caminando a su bar respectivo.

Para nosotros, Luis Miguel eligió Ó do Borogodó. Un lugar colorido que asemeja una fiesta callejera limitada a un pequeño y acogedor espacio. Samba en vivo, músicos empedernidos y un abarrote de ardientes brasileras que hacían voltear a verlas hasta a una mujer perfectamente “straigth” como yo, así describo mi primera impresión. Por supuesto que pedimos Caipirinhas y durante el primer trago me encontraba atónita por la vibra del lugar, todo el mundo sonriente bailaba solo o en pareja, tarareaba las canciones y Luis Miguel intentaba explicarme el concepto y significado de la samba para esta gente, mientras yo sólo lograba sentirme cada vez más pequeña e insignificante en aquel rincón. Nunca me había intimidado tanto el ritmo de otras personas como en ese lugar y no podía parar de decirlo.

Segundo trago y Luis Miguel empezaba a animarme a aprender a bailar con algún brasilero. Yo seguía pegada a la silla y sin ninguna intención de mostrar mis pocas habilidades de salsera venezolana. A esta hora ya empezaba a fijarme en uno que otros ojos verdes, grises, marrones infinitos y fundidos en corpulentos entes, matizados de todas las tonalidades de rubios a morenos, que me miraban como afirmando que yo no era de ahí y que me encantaría poder estar bailando a la altura de todos ellos. Yo sólo volteaba a mirar mi caipirinha y esperaba que no se atrevieran a sacarme a bailar. Voy al baño y al regresar Luis Miguel ya se había hecho amigo de 3 Brasileras sentadas a nuestro lado, por lo que al quedarme parada ya era inevitable siquiera mover los pies y dejarme llevar por la suave y mágica melodía. Intentaba elegir a la mejor bailarina del lugar para seguirla con la mirada mientras hacía una muy mala imitación de su ligero movimiento. Todos parecían estar flotando en el aire, como si seguir la música fuera lo más natural y fácil de este mundo. Mientras tanto yo sentía que mis piernas por el contrario pesaban demasiado y al perder la concentración empezaban a moverse como títere descompuesto.

El primer valiente me toma  por la cintura y sin darme cuenta ya estaba en medio de la pista dando mis primeros pasos improvisados de Samba. En portunhol me dice que sólo debía seguirlo. Siempre sonriente como el resto, me zarandeó por todo el lugar mientras yo literalmente sólo lo seguía. Termina la música y ya me sentía en calor para empezar a charlar con alguien más, mientras Luis Miguel se defendía junto a una brasilera en la pista. Segundo valiente y el ritmo era ahora más rápido lo cual facilitó un poco mi desenvolvimiento, al ser más parecido a la salsa. Me impresionaba y encantaba a la vez que aquí a nadie le importara que 2 amigos estén solos en una rumba, ese pequeño detalle a nadie intimida. Tercer valiente y Luis Miguel ya bromeaba con mi mejora en el área. Los brasileros cuando bailan se inspiran y toman a su pareja con la seguridad de un caballero mezclado con un perfecto destello de falta de respeto. Cuarto valiente y ya hablaba portunhol mientras seguía los pies de mi contrincante. Luis Miguel seguía bromeando con mi sutil avance en materia de Samba.

Y entre risas, caipirinha y músicos terminó esta gran experiencia que es sólo el inicio de próximas aventuras y noches brasileras que vendrán, porque ahora este destino está dentro de mis próximos Top 5 a visitar cuando llegue el momento preciso. Agradezco a todos los brasileros que sin saberlo hicieron mi experiencia inigualable. Agradecimientos especiales a María Rita, Paulinho da Viola y Joao Gilberto que con su música me acompañaron en la redacción de este post. Ni hablar de Luis Miguel por llevarme a Ó do Borogodó.


!Volveré pronto a la revancha de la Samba! !Dios la bendiga!


Monday, May 9

Espontánea

Ya he dicho en este blog que soy del interior. Me crié en Valle de la Pascua, Edo. Guárico, Venezuela, donde tuve una de las infancias más felices que cualquier persona pueda desear. Sin embargo, este post no es para hablar sobre mi infancia, tendría que dedicar un capítulo y hasta un libro entero recapitulando todas las hazañas que emprendí junto a mis vecinos y amigos del colegio, en ese pueblo. Este post sólo trata de entender quien es una parte de mí, de donde vino y a donde va.

Entre grupo de teatros,  casas de arboles, juegos de muñeca, juegos de nintendo, picnics, salidas de campo, patinaje, playa, campo y más playa, formación de bandas de rock, juegos de El Quemao, Kickingball, pelotica e´ goma, reconstrucción de parques, recolección de fondos para la fiesta del día de los niños, fiestas de disfraces, expediciones por cuanto monte encontrábamos por ahí, paseos infinitos en bicicleta incluyendo el aprendizaje de posiciones de equilibrio sobre la bici, paseos en moto y muchas cosas más, mi infancia se llevó a cabo.

A los 15 años me quemé la pierna bajándome de la moto de un amigo. Como mi papá me había prohibido seguir montándome en moto, porque me la pasaba en una, escondí la quemada de él, tanto que terminó por infectarse y dejar una marca muy fea, que es mi legado de travesura y pasión infinita por las motos. 

Nunca he sido una persona de cambiar mucho de novio, pero los muy pocos que he tenido han estado medio tostados, uno más que otro, en cierto sentido.

Mi primer novio, era el loco más loco y odiado por las madres Vallepascuenses. Probablemente la única madre que le tenía cariño aún siendo novio de su hija, era la mía. Este personaje tenía una pick up Toyota FJ, mejor conocida en Venezuela como Hembrita, a la cual bautizó La Perica, por ser ruidosa y de color verde chillón. En esta camioneta se la pasaba por el pueblo haciendo muchas locuras, por las cuales yo debía odiarlo también. En la Perica hicimos trompito, caballito (poner la camioneta apoyada en una sola rueda, la de atrás) aparte de pasear y muchas cosas más. Si, era BASTANTE inmaduro, pero aún así no puedo negar que era emocionante y los segundos que duraba esa estupidez, me llenaban el cuerpo de una emoción indescriptible. Lo que las madres Vallepascuenses no sabían, es que él no hacía estas locuras ni manejaba rápido cuando estaba acompañado y esto era muy cierto, al menos que alguien como yo le dijera que lo hiciera y en ese caso seguramente el lograría su mejor performance.

Este personaje alocado en mi vida también es aficionado de las motos, como varios de mis amigos desde aquella época. Con él salté las escaleras de la plaza del pueblo, subí cerros y nos metimos en arenales, entre otras cosas más normales como hacer caballito.  

Después vino la universidad, mudarme a Caracas, dejar a mi novio loco Vallepascuense y dedicarme a estudiar. En el interín tu ve un novio con el que duré sólo 2 semanas. Terminamos porque no compaginábamos, el hablaba mucho de futbol, yo hablaba mucho de motos y de mis aventuras con mi ex.

Durante la universidad también vino el paro petrolero, 3 meses de diversión pura en San Juan de los Morros, lugar a donde se había mudado mi familia en esa época. Ahí empecé con mi tercer y la verdad, prácticamente primer y único novio. Él no está tostado como el primero, siempre ha sido maduro y juicioso (lo que cualquier madre quiere para su hija), pero eso no quiere decir que no disfrute la adrenalina. También le encantan las motos, carros y mejor aún, todos los artefactos de motor, rapidez y diversión. Con él continuó y creció aún más mi pasión por las motos, los carros y también comenzaron nuevas pasiones.

Juntos hicimos algunos viajes en moto, aprendí a manejar una moto manual con él (Solo manejo en ambientes controlados, sin interactuar con otros vehiculos), fuimos a carreras de carros y motos juntos, di mis primeros pasos en Sky acuático y la otra cosa en la que uno va arrodillado pero nunca supe cómo se llama, pertenecimos a la agrupación formula SAE, en la cual diseñamos y construimos carros tipos fórmula para asistir a una competencia anual interuniversitaria en Pontiac, Michigan, EEUU. Lo acompañé en la reconstrucción, remodelación y re-estreno de sus Toyota FJ 40, peñero con motor de los 80s, muchas motos, skis, etc. Juntos hicimos muchos paseos en moto por montes y calles, subimos cerros, rustiqueamos (Como diría un buen Venezolano), hablamos y discutimos por horas acerca de motos (todavía lo hacemos). Sin duda los días en que hicimos todas estas cosas fueron de los más felices de nuestra relación.

Y entre la infancia y relaciones llenas de un poco de adrenalina, yo siempre he querido hacer muchos deportes o actividades emocionantes que me llenen de satisfacción por poder hacerlos y mejorar en ellos. Siempre he querido tener mi propia moto, hacer wakeboard, kitesurf, snowboard, entre otros que seguramente aún ni conozco. Sin embargo, siempre he tenido el sentimiento de que podría hacer más, de que soy muy torpe y por eso no he aprovechado al máximo las pocas oportunidades que he tenido para practicar algunas de estas actividades. Quizás porque lamentablemente me faltaba (o nos faltaba, incluyo a mi ex aquí porque seguro lo habría hecho con él) el dinero para tener más y mejores juguetes, los contactos y sobre todo el tiempo (entre la universidad, trabajo, compromisos personales y compartir con las familias era poco lo que podíamos planificar de aventura) para realmente dedicarnos a estas actividades que ambos disfrutábamos.

Estos últimos meses en Panamá he sido feliz y sé que vienen días mejores. Siento que soy niña otra vez, que torpe y todo, finalmente ha llegado el tiempo, los contactos y algo de dinero para aprovechar esas oportunidades que me faltaban y volver a hacer el tipo de cosas que me gustan. Nunca es tarde para empezar de nuevo a vivir intensamente, nunca es tarde para ser niña otra vez. Y aunque aún no tengo mi moto, ni soy buena en kitesurf y apenas ayer me paré por primera vez en una tabla de wakeboard, estoy trabajando en mantener vivo y consciente ese espíritu espontáneo y 4x4. Disfruto la curiosidad por entender a cada persona que conozco, disfruto el viento en mi cara cuando voy en moto, disfruto la presión en las piernas y la velocidad del agua bajo la tabla de wakeboard, bajo el morey boogie, disfruto la fuerza del kite en mi cintura, disfruto tener una nueva razón para seguir disfrutando y descubriendo. 

Ayer estuve hablando con Abe, mi instructor de kitesurf a quien quiero y admiro por ser tan libre y feliz. Hablamos sobre su nuevo hogar, una carpa sobre un arbol con escaleras de madera, un porche hecho de troncos y una espectacular brisa y vista al mar. Mientras comentábamos que cool era su casa y que feliz sería un niño viviendo allí, él respondió con una gran sonrisa: "YEAH, life is better if you see it through a child´s eyes"

Thursday, April 7

En este momento amo TODO!

Amo sentirme terriblemente sola y que la vida me de una cachetada poniéndome nuevos e interesantes amigos en el camino todos los días.

Amo que vaya a Punta Chame con el mayor entusiasmo por hacer kitesurf y no haya nada de viento. Así es como he aprendido a enfocar y relajar mi mente para tener algo de paciencia, que bastante falta me hace. Así también es como hice wakeboard por primera vez y como he tenido tiempo para conocer mejor y sorprenderme más de las maravillosas personas que he conocido en esa playa.

Amo que en Punta Chame haya rayas y aguamalas. Así es como me he hecho más fuerte y me atreví a nadar con tiburones, superando mi extraño miedo a los animales marinos. Ahora que se acaba la temporada de viento, decidí finalmente hacer un curso de buceo.

Amo que por tener ahora un puesto de trabajo más globalizado, tengo llamadas todos los días a las 7 am, de esa manera me obligo a empezar el día temprano y a ser más eficiente.

Amo que ahora en el trabajo hable más inglés que nunca, porque finalmente voy a aprender inglés y no tuve que irme de intercambio.

Amo haberme enterado de las cosas horribles que han inventado de mí, ahora estoy 110% segura de quienes son mis verdaderos amigos. Antes estaba 100% segura, eso sólo nos unió un 10% másJ. Si hay algo que siempre he amado es mi habilidad de hacer buenas amistades; fuertes, sinceras y duraderas.

Amo haber salido con personas pocos especiales para mí, así es como me he dado cuenta que aunque todos somos especiales, no es razón suficiente para pensar que puedes tocar el corazón de cualquier persona. Eso, definitivamente y confirmado, es algo que nadie puede predecir ni controlar. No es lógica, es amor.

.. Y pues, como dije, en este momento AMO TODO. Sólo quise resaltar los mejores “AMO” de lo que va de 2011.

Wednesday, November 3

The kite can´t handle me!


Yo pensé que lo de multitasking se me daba bien, hasta que me antojé de hacer kitesurf!.

Aparte de que el chaleco salvavidas me quedaba grande (Ya compré uno de mi talla!), el arnese se me clavaba en las costillas y el casco se me venía a la cara, yo tenía que:

LLevar el kite (El papagayo gigante que estaba a 25 metros de altura) a las 12, es decir, ponerlo justo encima de mí y que no se moviera, ya que esta es la zona de tranquilidad del kite. Este procedimiento tomaba unas cuantas revolcadas, movimientos sin sentido para un lado, para el otro, para arriba, para abajo, hasta que por fin lo lograba!

Ajá, una vez con el kite en las 12, tenía que buscar la tabla que estaba amarrada con una cuerda a las caderas. Entre tanta bailadera, la condenada tabla se me había enredado en el cuerpo, entonces tenía que desenrrollarla con una mano, mientras con la otra mantenía el kite a las 12 sin perderlo de vista y sin hacer movimientos bruscos que lo descontrolaran. Este procedimiento por lo general terminaba llevándome de nuevo aaaaaaaa: Soltar la tabla y llevar el kite a las 12!!. Por otro lado, aquí es que te das cuenta para que te pones el casco, el kite se descontrola, te arrastra por el agua y la tabla viene directo a tu cabecita!

OK, cuando por fin agarro la tabla, la tengo que traer justo en frente de mí, meter los pies y ponerme en posición de pelotica, como cuando haces wakeboard. Pero la mejor parte viene ahora, porque a diferencia del wake, usted no tiene que esforzarse mucho, solo hay que mandar bruscamente el kite a las 3 de la tarde (Es decir, ponerlo en frente de tí a 45 grados) y el se encargará de sacarlo del agua. Cuando estás afuera y encaramado en tu tabla, lo subes un poco hasta las 2 de la tarde y ahí te quedaste!

¿¿¿Lo pinté como un procedimiento muy complicado??? No valeeeee, es lo máaaaaaaaaximoooooo!!!! Esto es como volar sobre el agua BABY!!!

Así es, cuando finalmente logras salir a flote con tu tabla, tu kite y tus implementos, todo lo que sufriste se te olvida!!. Ahora espero la temporada de kite en Panamá. 

¿Mi meta?

- No necesitar al menos el casco (Los pro tampoco usan chaleco). 
- Poder llevar la tabla en mi mano y no amarrada al cuerpo. Lo que implica que ya debo saber: 
- Poder salir desde la orilla de la playa, es decir, tener tanto dominio del kite que estoy segura que no me va a revolcar en la arena. 
- Que me guste tanto, que me compre mi propio kite!!

Monday, November 1

The Origin

Debo decir que me encantaría hacer un libro de mi vida, como supongo que le encantaría a cualquier blogger, sí, que cliché (y que egocentrista, dirán algunos). El punto es que, unos días esto me parece una excelente idea, otros días pienso que sería muy aburrido. Últimamente simplemente me he puesto a analizar que subestimo demasiado el efecto de atención que causa en la gente el simple hecho de contarles que nací en Valencia, viví un año en San Fernando de Apure (Esta parte en verdad la omito la mayoría del tiempo). Luego nos mudamos a Valle de la Pascua, Edo. Guárico, donde viví desde que empecé el colegio a los 5 años, hasta que me gradué de bachillerato y decido mudarme a Caracas, a vivir sola y estudiar Ingeniería en La Universidad Simón Bolívar. En el ínterin mis padres se mudaban a San Juan de los Morros, par de años más tarde se divorciarían y mi mamá terminaría mudándose a Valencia, donde vive la familia de mi papá. Yo me gradúo, empiezo a trabajar y continúo viviendo en Caracas, ciudad de la que me marcho después de una hermosa y divertida temporada de 10 años, para mudarme a Ciudad de Panamá, en donde llevo 3 meses de vida.

Para evitar esta larga historia, cuando un extraño me pregunta de dónde eres, respondo: Soy de Valencia. Ahora que vivo en Panamá digo: Soy de Valencia pero vivía en Caracas. Mis amigos me decían que yo negaba a mi pueblo al decir que era de Valencia, pero eso no es así en absoluto. Sucede que decir que soy de Valle de la Pascua implica inevitablemente echar toda la historia, porque ya nadie de mi familia vive allá. Lo que ellos no entienden, es que esa historia es reservada para el segundo nivel de confianza o para el que la quiera saber por este medio!.

Así como en la historia hablada no incluyo el año que viví en San Fernando de Apure, tampoco incluyo los 2 meses que pasé en Ciudad Ojeda, Edo. Zulia, haciendo pasantías en la empresa Schlumberger. Allí estuve tripeándome la vida en la plataforma petrolera, en medio del Lago de Maracaibo, viendo cualquier novela Brasilera que pasara Televen a las 9 pm, rodeada de un montón de hombres sudados, malolientes, en bragas azules que desabrochaban al estilo “descuido” durante la hora de la tele-culebra para saltar a relucir su grande y peluda barriga. Habría sido divertido tener este blog esos días y contarles las barbaridades que escuché, las delicatesen zulianas recontra condimentadas que comí, los rincones del barco en los que tenía que dormir con tal de no estar en el cuarto rodeada de 6 literas y 5 hombres. Contarles que mi mejor amigo, que era el jefe de mantenimiento, se llamaba Ramtwo (Por Ramón su padre y Ramón su abuelo, quienes decidieron bautizarlo Ram-Two, que en maracu-yankee significa Ramón 2 veces). Ramtwo era el que me cuidaba del resto de hombres que tenían días, semanas y hasta meses sin ver a sus esposas; me prestaba su computadora llena de grasa para que yo pudiera usar el msn y comunicarme con mis amigos y aparte me guardaba los sobrecitos de azúcar que él no usaba en su café, para que yo fuera a devorármelos cuando llegaba casi desmayada, con el azúcar por el piso. Estos 2 meses conociendo gente nueva, enfrentándome a mi inglés autoaprendido y a la realidad de la vida en el campo petrolero, me hicieron reencontrarme con la ingeniero dentro de mí y decir: Sabes qué? Esto está muy chévere para 2 meses, pero no es lo que quiero el resto de mi vida!

Al final de este pastel tampoco me molesto en agregar que soy pseudo-Italiana, Siciliana para ser más específica. Lo llevo en la sangre gracias a mi abuelo, quien no puede negar que es el perfecto retrato del Siciliano terco, increíblemente amoroso, autosuficiente y gruñón, tal como el resto de sus hermanos!.

Y mi punto es que no hace falta haber recorrido el mundo, hablar 5 idiomas, haber vivido todas unas temporadas en Brasil, Rusia, India y China para llevar tanta diversidad en tu haber. Sin ir muy lejos, ¿cuántos Caraqueños de esos que han recorrido el mundo pero de Venezuela sólo conocen Margarita y Puerto la Cruz, porque es donde agarran el ferri, no cayeron en mi historia de que en Valle de la Pascua nos transportábamos en burro o en el mejor de los casos caballos? ¿Y que el pueblo tenía una sola calle con un colegio, una iglesia y un restaurant en donde se celebraban todos los 15 años, matrimonios, bautizos y cuanta fiesta se hiciera en ese pueblo?. Digo, no es que mi pueblo sea la gran cosa, pero come on, un poquito de por favor!. O yendo un poco más lejos, ¿Cuántas veces no hemos escuchado que los gringos no saben ubicar a Estados Unidos en un mapamundi?. Yo en cambio como me crié en un pueblo, tengo que estar bien segura de donde queda porque si no lo sé yo, más nadie lo va a saber por mí!!.

Mientras más avanza mi vida y mientras más conozco el mundo, más feliz y plena me siento de la infancia que tuve, de poder decir que disfruté ser niña sin que mis padres tuvieran que mantenerme vigilada todo el día. De saber que no hizo falta criarme en la Big City para que yo quisiera superarme y terminar viviendo en algunas de ellas.

Cuántas veces me he sentado a hablar de estas cosas con mis amigos del interior y siempre llegamos a la misma conclusión: Es que nosotros vemos el mundo diferente, porque aunque a diferencia de muchos, nosotros estudiamos, nos superamos y salimos a conocerlo, no podemos negarlo: Te somos del interior!!! EXCLAMATION POINT!

Thursday, October 28

Nunca antes publicado




Don´t let men kick your ass... Kick theirs!