Foto por: Adrián Pérez, Ananá Photography
Espontáneamente he generado una marca personal en las redes sociales, acerca de mi faceta como yogui, al punto de que pareciera que es lo único que hago con mi vida. No pensé que así se dieran las cosas, pero al parecer cuando algo te gusta tanto lo reflejas inconsciente e inevitablemente. Por eso me bauticé en este blog como: Ani La Yogui, para terminar de asumir esta nueva identidad que me describe y en la que me siento cómoda.
Durante horas laborales, sigo trabajando como Gerente de Compras Estratégicas y debo decir que por muchas razones, estoy lejos de ser una persona iluminada. Me gusta además compartir tiempo con mi familia y amigos, ingiero todo tipo de alimentos, bailo, canto en la ducha, en el kareoke y en el carro, viajo, leo y hago deporte. Expresarme ha sido siempre algo que me apasiona y es en mi faceta de yogui que al parecer se me da mejor. Intenté que fuera através del canto, pero no tuve éxito y en la vida hay que aceptar que hay algunas cosas para las que simplemente no naciste.
Pensé en iniciar un nuevo blog en donde pudiera relatar mi nueva perspectiva, sin embargo, anoche me senté un largo rato a releer mis post del pasado. ¿Alguna vez haz leído algo que escribiste hace años? ¿Un mail a un ser querido por ejemplo? Si no lo haz hecho, ¡Hazlo ahora mismo!. Descubrirás cosas increíbles, te lo prometo. Yo me dí cuenta que aunque había mucha inmadurez, mi esencia sigue siendo exactamente la misma. Especialmente en esos momentos de conexión con la naturaleza o con las cosas que me apasionan, que es ante los eventos y escenarios en que la mayoría de las personas logramos aislar patrones y distorsiones mentales, para encontrar nuestro verdadero balance y apreciar con claridad el momento presente tal y como es, aunque sea de manera efímera.
Así que ¿Por qué mudarme a otro blog y pretender ser alguien más, cuando puedo simplemente ser lo que soy a cada instante, una versión evolucionada de mi misma? ó como leí por ahí: "Para amar lo que viene, debes amar lo que fué".
A mi primera clase de yoga llegué en Agosto del 2013, debido a un dolor en el cuello. No tenía ni idea que estilo de yoga estaba practicando, de hecho, no sabía que existía tal cosa como distintos estilos de yoga. Lamento decepcionarlos, pero no llegué al yoga buscando la iluminación ni en una etapa de depresión o despecho. Llevaba mucho tiempo leyendo e investigando acerca de temas espirituales sin haber encontrado algo que yo pudiera respaldar totalmente, por lo que no me sentía satisfecha con esa parte, pero sinceramente no sabía que era lo que el yoga tenía para ofrecer en el ámbito espiritual. Lo cierto es que, a partir de la primera clase el dolor de cuello empezó a mejorar hasta desaparecer muy rápidamente, mi postura corporal cambió radicalmente, así como mi sentido de propiocepción muscular y en general nunca me he sentido mejor físicamente.
Pero el amor al yoga está lejos de deberse a un tema corporal, o al menos esa es mi opinión. He escuchado a personas decir que a ellos les gusta el Yoga Físico (Suponiendo que en verdad se están refiriendo a la rama del Hatha Yoga, porque no existe una rama de Yoga Físico), ignorando que incluso en su caso en donde practican solamente una serie de posturas físicamente complejas, el yoga logró penetrar a través de su cuerpo y el ritmo de su respiración dentro de una capa interna que viene a expandir y a penetrar su mente, inyectándoles sin darse cuenta estados de paz mental, claridad, coraje, alegría, seguridad, paciencia, entre muchas cosas más.
En mi caso, el yoga llegó para despertar un talento natural que estaba dormido: Mi pasión por comunicarme y enseñar. Mi deseo es utilizar las herramientas del yoga para que otras personas experimenten cambios y mejoras en su vida, sí, su vida.Todo lo que vives es un reflejo de tu mente y está comprobado que el yoga, como ejercicio espiritual contemplativo, afectará de manera positiva tu mente y por ende mejorará tu vida.
Ganar flexibilidad, pararte de cabeza o de manos, todo eso es secundario. Mantente practicando, explora otras herramientas, medita, respira, canta, pero sobretodo disfruta el proceso, ríete de los retos, asúmelos con responsabilidad y convicción y celebra los avances, porque te sorprenderás y mucho, como lo hice yo, a quien un simple dolor de cuello le trajo hasta aquí.
"Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado" - Buddha

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