Después de todo, admito que me gusta la soledad.
La soledad de mi casa, de mi carro, de mis viajes, de mi vida. Suena
masoquista, pero resulta que esta ha sido la etapa más egoísta de mi vida.
En estos momentos es cuando más me he dedicado a
mí y a lo que realmente me gusta. Estoy aprendiendo kitesurf, francés, tengo un
entrenador personal y planeo ir de viaje sola a encontrarme con diferentes
amigos por el mundo. Sólo me gobiernan mis jefes, lo cual es más que suficiente
para no descarrilarme del todo, tengo una en Panamá y 2 en en Cincinnati. De
vez en cuando me gobierna La China y sólo cuando nos vemos, mi Mamá.
También es cierto que a veces, mejor dicho,
muchas veces, sin darme cuenta me quejo de la soledad, sobre todo cuando
necesito alguien que comparta mis intereses y cuando llega el viernes o el
sábado y yo me muero por salir pero no tengo con quien. ¡Eso si es triste mi
hermano!.
Pero lo bonito de todo esto, es que solo me
tengo que dejar llevar. Ese famoso verso musical que dice: “La vida es una tómbola
to to tómbola”, no puede ser más cierto. A mí también me gusta llamarla “un
autobús”, en el que tú tienes que ser el chofer y lo digo de esta manera,
porque algunos prefieren ser paseados por la vida, yo la verdad, prefiero
agarrarla por el volante y seguir adelante.
Y de
esto no me puedo quejar, en el curso siempre he encontrado mi camino e
inesperadamente otros me han pedido la carrera, algunos se bajan en la
siguiente parada, otros se vuelven a montar, otros se quedarán conmigo unas
cuantas paradas más y algunas personas, quien sabe, hasta me acompañarán al
final. Lo realmente importante es aprender a tocar la fibra y el corazón de
cada persona que se encarama en mi bus. No es casualidad que ellos lo
escogieran, ni que escogieran la siguiente parada para bajarse o que prefirieran
quedarse por unas vuelta más. Cada persona que se monta en ese bus es una caja
de pandora, nunca sabes lo que sacarás de su ser ni lo sorprendida que puedas
quedar al descubrirlo. Lo que más me gusta es la posibilidad de aprender y
crecer a través de las experiencias y los relatos de otras personas. Aceptar a
todos como son es mi principal objetivo.
Particularmente disfruto entendiendo a cada
persona. No me gusta arrepentirme de nada de lo que he escogido hacer, pero si
volviera a nacer estudiaría psicología o antropología. No creo que haya algo
que me entusiasme más que sentarme con una taza de café o una copa de vino a
analizar un comportamiento social, humano o personal.
Y así voy por la vida, disfrutando mi soledad
pero descubriendo otras realidades, haciendo amigos y dejándome llevar, a la
vez que escojo la velocidad y la intensidad del paseo. Y es que he descubierto
que cuando más sola me siento, es cuando más gente se monta en el bus, todos
diferentes y todos cargados de energía positiva, como si la vida me diera una
bofetada y me dijera: ¿De qué te quejas?.
Gracias a todas las personas que se han montado
en este bus, especialmente en estos momentos de soledad pero de mucha, ¡MUCHA
diversión!.