Ya he dicho en este blog que soy del interior. Me crié en Valle de la Pascua, Edo. Guárico, Venezuela, donde tuve una de las infancias más felices que cualquier persona pueda desear. Sin embargo, este post no es para hablar sobre mi infancia, tendría que dedicar un capítulo y hasta un libro entero recapitulando todas las hazañas que emprendí junto a mis vecinos y amigos del colegio, en ese pueblo. Este post sólo trata de entender quien es una parte de mí, de donde vino y a donde va.
Entre grupo de teatros, casas de arboles, juegos de muñeca, juegos de nintendo, picnics, salidas de campo, patinaje, playa, campo y más playa, formación de bandas de rock, juegos de El Quemao, Kickingball, pelotica e´ goma, reconstrucción de parques, recolección de fondos para la fiesta del día de los niños, fiestas de disfraces, expediciones por cuanto monte encontrábamos por ahí, paseos infinitos en bicicleta incluyendo el aprendizaje de posiciones de equilibrio sobre la bici, paseos en moto y muchas cosas más, mi infancia se llevó a cabo.
A los 15 años me quemé la pierna bajándome de la moto de un amigo. Como mi papá me había prohibido seguir montándome en moto, porque me la pasaba en una, escondí la quemada de él, tanto que terminó por infectarse y dejar una marca muy fea, que es mi legado de travesura y pasión infinita por las motos.
Nunca he sido una persona de cambiar mucho de novio, pero los muy pocos que he tenido han estado medio tostados, uno más que otro, en cierto sentido.
Mi primer novio, era el loco más loco y odiado por las madres Vallepascuenses. Probablemente la única madre que le tenía cariño aún siendo novio de su hija, era la mía. Este personaje tenía una pick up Toyota FJ, mejor conocida en Venezuela como Hembrita, a la cual bautizó La Perica, por ser ruidosa y de color verde chillón. En esta camioneta se la pasaba por el pueblo haciendo muchas locuras, por las cuales yo debía odiarlo también. En la Perica hicimos trompito, caballito (poner la camioneta apoyada en una sola rueda, la de atrás) aparte de pasear y muchas cosas más. Si, era BASTANTE inmaduro, pero aún así no puedo negar que era emocionante y los segundos que duraba esa estupidez, me llenaban el cuerpo de una emoción indescriptible. Lo que las madres Vallepascuenses no sabían, es que él no hacía estas locuras ni manejaba rápido cuando estaba acompañado y esto era muy cierto, al menos que alguien como yo le dijera que lo hiciera y en ese caso seguramente el lograría su mejor performance.
Este personaje alocado en mi vida también es aficionado de las motos, como varios de mis amigos desde aquella época. Con él salté las escaleras de la plaza del pueblo, subí cerros y nos metimos en arenales, entre otras cosas más normales como hacer caballito.
Después vino la universidad, mudarme a Caracas, dejar a mi novio loco Vallepascuense y dedicarme a estudiar. En el interín tu ve un novio con el que duré sólo 2 semanas. Terminamos porque no compaginábamos, el hablaba mucho de futbol, yo hablaba mucho de motos y de mis aventuras con mi ex.
Durante la universidad también vino el paro petrolero, 3 meses de diversión pura en San Juan de los Morros, lugar a donde se había mudado mi familia en esa época. Ahí empecé con mi tercer y la verdad, prácticamente primer y único novio. Él no está tostado como el primero, siempre ha sido maduro y juicioso (lo que cualquier madre quiere para su hija), pero eso no quiere decir que no disfrute la adrenalina. También le encantan las motos, carros y mejor aún, todos los artefactos de motor, rapidez y diversión. Con él continuó y creció aún más mi pasión por las motos, los carros y también comenzaron nuevas pasiones.
Juntos hicimos algunos viajes en moto, aprendí a manejar una moto manual con él (Solo manejo en ambientes controlados, sin interactuar con otros vehiculos), fuimos a carreras de carros y motos juntos, di mis primeros pasos en Sky acuático y la otra cosa en la que uno va arrodillado pero nunca supe cómo se llama, pertenecimos a la agrupación formula SAE, en la cual diseñamos y construimos carros tipos fórmula para asistir a una competencia anual interuniversitaria en Pontiac, Michigan, EEUU. Lo acompañé en la reconstrucción, remodelación y re-estreno de sus Toyota FJ 40, peñero con motor de los 80s, muchas motos, skis, etc. Juntos hicimos muchos paseos en moto por montes y calles, subimos cerros, rustiqueamos (Como diría un buen Venezolano), hablamos y discutimos por horas acerca de motos (todavía lo hacemos). Sin duda los días en que hicimos todas estas cosas fueron de los más felices de nuestra relación.
Y entre la infancia y relaciones llenas de un poco de adrenalina, yo siempre he querido hacer muchos deportes o actividades emocionantes que me llenen de satisfacción por poder hacerlos y mejorar en ellos. Siempre he querido tener mi propia moto, hacer wakeboard, kitesurf, snowboard, entre otros que seguramente aún ni conozco. Sin embargo, siempre he tenido el sentimiento de que podría hacer más, de que soy muy torpe y por eso no he aprovechado al máximo las pocas oportunidades que he tenido para practicar algunas de estas actividades. Quizás porque lamentablemente me faltaba (o nos faltaba, incluyo a mi ex aquí porque seguro lo habría hecho con él) el dinero para tener más y mejores juguetes, los contactos y sobre todo el tiempo (entre la universidad, trabajo, compromisos personales y compartir con las familias era poco lo que podíamos planificar de aventura) para realmente dedicarnos a estas actividades que ambos disfrutábamos.
Estos últimos meses en Panamá he sido feliz y sé que vienen días mejores. Siento que soy niña otra vez, que torpe y todo, finalmente ha llegado el tiempo, los contactos y algo de dinero para aprovechar esas oportunidades que me faltaban y volver a hacer el tipo de cosas que me gustan. Nunca es tarde para empezar de nuevo a vivir intensamente, nunca es tarde para ser niña otra vez. Y aunque aún no tengo mi moto, ni soy buena en kitesurf y apenas ayer me paré por primera vez en una tabla de wakeboard, estoy trabajando en mantener vivo y consciente ese espíritu espontáneo y 4x4. Disfruto la curiosidad por entender a cada persona que conozco, disfruto el viento en mi cara cuando voy en moto, disfruto la presión en las piernas y la velocidad del agua bajo la tabla de wakeboard, bajo el morey boogie, disfruto la fuerza del kite en mi cintura, disfruto tener una nueva razón para seguir disfrutando y descubriendo.
Ayer estuve hablando con Abe, mi instructor de kitesurf a quien quiero y admiro por ser tan libre y feliz. Hablamos sobre su nuevo hogar, una carpa sobre un arbol con escaleras de madera, un porche hecho de troncos y una espectacular brisa y vista al mar. Mientras comentábamos que cool era su casa y que feliz sería un niño viviendo allí, él respondió con una gran sonrisa: "YEAH, life is better if you see it through a child´s eyes"